
Doer vs Thinker: y tú, ¿qué tipo de experto eres?

¿Qué fuerza mueve tu mundo? ¿Cuánto eres de lo que haces o piensas? Precisamente ambos conceptos ilustran la diferencia entre dos tipos de profesionales que imperan hoy en día. El rol diverge donde uno se decanta más por hacer que por pensar, y al contrario.
¿Y tú? ¿Qué tipo de experto eres o te gustaría ser? ¿Eres más de tirarte al barro, o prefieres decantarte por los manuales y la teoría?
Un Doer apuesta todo a la práctica, mientras que un Thinker recurre a la teoría y el estudio profundo. Un experto Doer ha alcanzado un nivel de representación práctica que lo elevan a un cierto nivel en un campo determinado. Y el Thinker ha estudiado, argumentado, investigado y teorizado sobre el funcionamiento de un campo concreto, por lo que su capacidad de pensamiento crítico y de generar conclusiones es muchísimo más precisa.
Los Thinkers alcanzan la excelencia a base de estudio y análisis. En primera instancia, los expertos que responden a este perfil suelen ser académicos, consultores o investigadores, aunque en la práctica, no es tan nítido. Por el contrario, el perfil de los Doers es más amplio, y abarca el grueso de profesiones. Son personas que inciden en la reiterada práctica de un aspecto concreto.
La distinción afecta a infinidad de campos, y la experiencia remite a no catalogarlas como tendencias únicas. Cada sector abre un abanico de posibilidades, al igual que existen sectores en los que un Doer es también necesariamente Thinker, y viceversa.
“¿Qué es entonces preferible?”, se plantea la mayoría. ¿Acaso no sería lo deseable combinar lo mejor de ambas facciones? Veamos poco a poco.
Doer VS. Thinker: aspectos positivos
El liderazgo nato, la paciencia y la resiliencia hacen al Doer. Pero, ¿qué más provecho extrae de su condición?
Su desempeño de tareas, su performance, acredita su expertise
Apto para aquellos alejados de los libros – Es el rol idóneo para aquellos líderes que escapan de los manuales y que buscan en la demostración práctica un eterno aliado.
Flexibilidad y adaptabilidad mental – Un “hacedor” busca la manera hasta encontrarla y, si no, la crea, pero siempre consigue que sus ideas aterricen en este mundo.
Un Thinker curiosea, enfoca con precisión y presume de diligencia. ¿Qué más lo acompañan?
Recompensa a largo plazo – La sociedad remunera los largos años de estudio, capacitación y compromiso, reconociendo su condición y confiando en su conocimiento.
Avalado por lo material – Siempre podrá recurrir a sus estudios y documentos teóricos para avalar aquello que defiende.
Alta capacidad de análisis – Su amplio repertorio de habilidades lo hacen ducho en muchos puestos profesionales.
Doer VS. Thinker: aspectos negativos
El mundo recompensa la labor a ambos roles, pero también los cuestiona, obligándolos a reinventarse y sobrevivir. Así, el Doer se expone a lo siguiente:
Necesidad de demostración constante mediante la práctica
Dificultad para transmitir su valor personal – A menudo los Doers no son capaces de desarrollar una metodología de aquello que desempeñan, no saben comunicarlo y eso les impide transmitir su valor personal.
No extrapolable al todo – Pueden demostrar el éxito de una teoría aplicada a un negocio o a su empresa, pero no tienen conocimiento suficiente para extrapolarlo a toda una comunidad, sector o sistema.
De forma análoga, ¿qué aspectos lastran al Thinker?
Siempre reclaman sus ideas plausibles y una creatividad incansable
La irrelevancia – Las teorías generalmente demuestran su valía y veracidad y, sin embargo, pueden constituir también un aspecto irrelevante en sí mismo. Es precisamente en ese mismo punto en el que el Thinker pierde todo su valor personal.
El prestigio sustituye al conocimiento – Muchos de los alabados Thinkers no son solo buscados para acreditar algo, sino por la necesidad de afiliarse a un estatus o reconocimiento. ¿Se desliga el éxito aquí de la vida real entonces? Es una cuestión para reflexionar…
¿Y si se apostara por condensar lo especial de ambos roles?
Al final ambas maneras de operar tienen un objetivo común: el ejercicio de una profesión. Un Doer dispone de una destreza mental para no repetir un mismo error una y otra vez, pero de igual manera un Thinker impone la diligencia necesaria para lidiar con el fracaso de una teoría. De ahí que las fronteras diverjan, y ambos tengan algo de líderes y también de curiosos, algo de “hacedores” y de “pensadores”.
Entonces sí, quizá combinar lo mejor de ambas facciones sea una realidad en la práctica. La clave reside en que, se adopte el rol que se adopte, o bien se opte por una forma de operar mixta, se transmita la confianza que el receptor necesita para creer en el trabajo desempeñado.


