
Salud Mental, ¿la asignatura pendiente?

El 10 de octubre es el Día Internacional de la Salud Mental y, a pesar de los avances que se han dado en los últimos años, todavía queda mucho camino por recorrer, especialmente entre el sector más joven de la población. La pandemia incrementó los problemas de salud mental de gran parte de la población.
No obstante, también ha provocado que se aceleren los procesos de toma de conciencia en este ámbito y se aumenten los recursos destinados al cuidado y la prevención del bienestar mental.
Según un estudio realizado por la OMS en 2019, casi un 14% de la población mundial que padecía algún trastorno o problema mental era adolescente. Unas cifras ya alarmantes que, a día de hoy, lo son todavía más: 1 de cada 7 adolescentes tiene problemas de salud mental relacionados con la ansiedad, depresión o con los trastornos del comportamiento.
Las cifras son todavía peores a partir de la mayoría de edad. La Organización Mundial de la Salud publicó que casi el 60% de los suicidios se producían antes de los 50 años, aumentando un 25% después de la pandemia, donde los números son mucho más alarmantes.
Con los datos en la mano, ¿sabemos reconocer si alguien de nuestro entorno personal o laboral padece un problema de salud mental? ¿O si lo padecemos nosotros? ¿Se puede prevenir esta tendencia mediante la educación? ¿Podemos hacer algo para mejorar la salud de nuestra mente?
La educación y la prevención, principales motores
La salud mental es un gran reto al que nos enfrentamos como sociedad. La clave está en la prevención y en la promoción. Para ello es importante informar, educar y activar los recursos de apoyo necesarios. Es imprescindible que desde temprana edad se tenga acceso tanto a información como al apoyo necesario para cuidar nuestra salud mental.
Según el último barómetro juvenil de 2021 de salud y bienestar, más de la mitad de jóvenes entre 15 y 29 años cree que ha padecido problemas de salud mental. Y, la mitad de esa cifra, no pidió ayuda.
¿Por qué no piden ayuda? El estudió indicó que casi un 40% no lo hace por el alto coste que supone la ayuda psicológica profesional, mientras que un 50% no lo consideraba un problema grave o creía poder resolverlo por su cuenta. Otros motivos incluían vergüenza y no querer expresar sus sentimientos.
Los centros escolares y universidades deben priorizar en la implementación de programas que promuevan la salud mental, además de contar con expertos sociosanitarios que orienten a los jóvenes.
Estos programas deben sustentarse en la educación a través de contenido, charlas y recursos en torno a las dificultades psicológicas, sus causas y consecuencias. Así, podrán reconocer síntomas o detectar si alguna persona del entorno podría necesitar asistencia.
Los programas de educación y conciencia en salud mental deben formar tanto a alumnos como a docentes para convertirlos en prescriptores, además de generar un ambiente seguro y una amplia red de apoyo.
Aprender a reconocer los problemas más frecuentes
Todo ser humano es sensible a padecer problemas o trastornos de salud mental. Lo importante es saber reconocer qué nos está pasando.
Las dificultades psicológicas no discriminan entre franjas de edad. Un estudiante puede sufrir una situación de estrés por exceso de presión académica, deportiva o familiar, al igual que un ejecutivo de 10 años de experiencia con un alto cargo y responsabilidades.
Entonces, ¿cuáles son las principales afecciones de la mente?
Estrés: Las prisas, la presión o un ritmo de vida elevado son factores que catapultan estas cifras, también en los sectores de población joven. Hay factores vitales y ciertos rasgos de personalidad que pueden generar mayor vulnerabilidad en algunas personas.
Ansiedad: La ansiedad es uno de los problemas más frecuentes. Le caracteriza la sensación de falta de aire, pulso acelerado o una mente que funciona más rápido de lo que debería. Al igual que el estrés, hay condicionantes que convierten a algunos en más susceptibles.
Pesimismo y desesperanza: La pandemia ha agravado un sentimiento generalizado de pesimismo sobre el futuro. Lo acompañan la apatía, incapacidad y tristeza. La desesperanza es especialmente prevalente en adolescentes, al ser una etapa de transición plagada de crisis y cambios que generan estados de ánimos muy variables.
Pánico: Los ataques de pánico son episodios repentinos de miedo o ansiedad intensa aunque no exista ningún peligro aparente. Estos episodios suelen ser periódicos y recurrentes, lo cual puede generar un bucle negativo de “miedo al pánico” que desata el mismo ataque. Por lo general a los ataques de pánico los precede la ansiedad.
Fobias: Las fobias son un trastorno de ansiedad provocada por un miedo extremo y desproporcionado sobre situaciones, objetos o incluso seres.
Depresión: Es el término más asociado a los problemas de salud mental que conocemos. La depresión provoca un bajo estado de ánimo y un sentimiento de tristeza permanente.
Tenemos que tener en cuenta también la depresión invisible o depresión oculta. Las personas que tienen este trastorno se niegan a reconocer o a saber que la padecen e intentan mostrarse optimistas tanto para ellos mismos como para los ojos de la gente. Sienten vergüenza o miedo a reconocer qué es lo que les está pasando.
¿Qué podemos hacer para cuidar nuestra salud mental?
La salud mental va de la mano con la salud física, por lo que mantener un equilibrio entre ambas es primordial. Tener buenos hábitos no garantiza una prevención absoluta de las afecciones mentales, ya que existen factores sociales, económicos, genéticos y vitales que influyen en nuestros estados de ánimo. Sin embargo, mantener buenos hábitos es excelente preventivo, ayuda a sobrellevar situaciones difíciles y a reducir la magnitud de las aflicciones.
- Dormir bien: El cansancio, la somnolencia y la falta de energía son enemigos del bienestar. Mantener una rutina de sueño óptima con un mínimo de 7-8 horas de sueño nos brinda energía y mejora nuestro humor.
- Buena alimentación: Una dieta saludable te mantendrá en forma. Somos lo que comemos, por lo que los buenos hábitos alimenticios nos ayuda a sentirnos mejor. Evitar el alcohol o la cafeína es recomendable, ya que son agravantes de los problemas de salud mental.
- Haz ejercicio: Realizar actividad física no sólo ayuda a tu salud cardiovascular, también genera endorfinas y reduce el estrés, brindando bienestar generalizado.
- Comunica y comparte: Compartir tus inquietudes, o apoyarte en tu círculo de amistades y familia es esencial para rebajar los niveles de preocupación. Y, si te da miedo compartir tus problemas con personas conocidas, siempre existen foros y páginas de internet que permiten expresarte de manera anónima.
- Mantén la mente ocupada y fija metas: Mantener la mente ocupada evita la rumiación. Al proponernos metas y pequeños objetivos en los que focalizar la atención aumentamos el autoestima y el sentimiento de productividad y propósito.
- Pide ayuda: La vergüenza y el silencio pueden llegar a ser nuestro peor enemigo. Lo más importante al enfrentar momentos difíciles es recordar que somos todos humanos, y no hay nada malo en pedir ayuda. Apoyarnos en los demás es una de las mejores vías para la recuperación. Pedir ayuda está en nuestras manos, y no sólo a nuestros círculos más cercanos si no a instituciones y asociaciones que facilitan apoyo y servicios para quienes lo necesiten, como la Asociación Internacional del Teléfono de la Esperanza o la Cruz Roja te Escucha.


